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El proceso de comunicación como eje de la interacción social
Para comprender las dinámicas de nuestra sociedad, la comunicación humana debe definirse como un proceso continuo de producción social de sentido, y no como un simple intercambio de información.
Así lo explican Oscar Lutczak, María Susana Martins y Ulises Cremonte en el libro Lenguajes y discursos: Una aproximación a la producción social de sentido (2025), publicado por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina. Mediante la comunicación, las personas configuran sus entornos y crean vínculos que hacen posible la vida colectiva.
El ser humano es un “animal simbólico” que interpreta la realidad mediante símbolos compartidos, como el lenguaje y el arte.
El proceso de comunicación constituye una actividad creativa en la que el sujeto organiza e interpreta el flujo de impresiones del mundo para otorgarle una estructura coherente y dotar de significado a su experiencia.
De esta forma, la comunicación funciona como la matriz fundamental que genera sentido social y articula las dinámicas colectivas, valiéndose de una estructura compartida.
https://youtu.be/rM4nZhhn3v8?si=d36K-w8ZqJqrMS1P
Los elementos de la comunicación son los componentes dinámicos e interrelacionados que conforman tal estructura y permiten que el sentido circule, se transforme y se concrete en cada interacción humana.
Tomar un intercambio cotidiano, como puede serlo el envío de un mensaje por WhatsApp, permite observar con claridad cómo funcionan estos elementos.
Cuáles son los principales elementos de la comunicación
Este ejemplo de la comunicación vía WhatsApp ayuda a ilustrar los elementos de la comunicación como componentes dinámicos de una trama social donde el sentido circula constantemente.
Emisor, receptor y mensaje
Desde los enfoques contemporáneos de la teoría de la comunicación, emisor y receptor no se entienden únicamente como personas físicas. También pueden analizarse como posiciones discursivas construidas dentro del propio mensaje.
- Emisor y receptor: trascienden a las personas físicas para concebirse como figuras discursivas que se configuran dentro del propio texto (considerado este como cualquier producción cultural portadora de sentido).
El emisor, al situarse en el acto comunicativo, asume el rol de enunciador y construye una imagen de sí mismo, al tiempo que ubica al receptor (el destinatario) en una posición específica.
Al escribir su mensaje de WhatsApp, el emisor adopta una postura determinada (formal, urgente, cercana, etcétera) y proyecta cierta expectativa sobre cómo debe reaccionar quien recibirá la notificación.
- Mensaje: no son solo palabras seleccionadas, sino un recorte espacio-temporal específico dentro de la red de comunicación social.
El mensaje no depende solo de las palabras, también incluye significados que adquieren en una situación concreta.
En el ejemplo presentado, el mensaje es el texto concreto y los signos plasmados en la pantalla, un fragmento discursivo diseñado específicamente para producir un efecto determinado en el destinatario.
Canal, código, contexto, ruido y retroalimentación
La circulación del mensaje como paquete de sentido requiere de determinadas condiciones materiales, normativas y situacionales que aseguren su viabilidad:
- Canal de comunicación: se compone del dispositivo técnico (el celular y la app de WhatsApp en este caso) que viabiliza la relación discursiva, junto con el soporte material que transporta la información.
- Código en la comunicación: es el sistema de signos adoptado por convención social que hace posible el intercambio. Funciona como una institución social que el individuo registra y utiliza; en este caso, el idioma utilizado y las reglas compartidas que permiten decodificar el mensaje.
- Contexto: se analiza desde las condiciones de producción (el entorno y las reglas sociales en las que el emisor genera el mensaje) y las condiciones de interpretación (los marcos y la situación desde los cuales el receptor reconoce el mensaje).
- Ruido: el concepto de ruido aplica a cualquier restricción técnica o interferencia social que distorsione la intención original.
- Retroalimentación: este elemento se evidencia en la respuesta del destinatario, como un paso clave donde se verifica el efecto de sentido real y el grado de coincidencia entre lo que se quiso decir y lo que efectivamente se entendió entre emisor y receptor.
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Cómo distintos autores ampliaron el modelo básico
Los elementos de la comunicación mencionados no siempre fueron comprendidos desde una perspectiva tan dinámica.
Armand Mattelart y Michèle Mattelart explican en Historia de las teorías de la comunicación (1997) cómo los primeros modelos de la comunicación surgieron desde enfoques técnicos centrados en la transmisión de información y posteriormente incorporaron dimensiones lingüísticas, sociales y culturales.
https://youtu.be/4ic-J79O9hg?si=NOBxIn5Y2FfIpMgN
Así, la teoría de la comunicación evolucionó a partir del enfoque técnico-lineal propuesto por Claude Shannon y Warren Weaver. Este modelo mecanicista buscaba optimizar las señales telefónicas e introdujo el concepto clave de ruido, aunque con la limitación de ignorar la creación de un significado compartido.
Posteriormente, el lingüista Roman Jakobson sumó complejidad al demostrar que el proceso depende estrechamente de las funciones del lenguaje aplicadas al mensaje.
El quiebre llegó con un modelo circular donde los participantes codifican y decodifican los mensajes.
El aporte fue de Wilbur Schramm con el “campo de experiencia”, al plantear que la comunicación es exitosa cuando los sujetos comparten trasfondos culturales y conocimientos.
Finalmente, esquemas transaccionales como el de Dean Barnlund alcanzaron la comprensión actual del proceso, planteando que se es emisor y receptor de forma simultánea, y que el contexto psicológico, social y cultural moldea por completo la interpretación de cada mensaje.
El recorrido histórico ilustra cómo los elementos de la comunicación no operan de manera aislada ni en entornos de laboratorio.
https://youtu.be/bRoupevGxTI?si=LeqEK66Ki73Ov3io
La evolución de la teoría muestra que variables como el ruido, la retroalimentación y el contexto no son circunstancias accidentales, sino características estructurales y constitutivas de toda interacción humana.
Este conocimiento resulta especialmente relevante para quienes trabajan en comunicación institucional, medios, marketing, educación o gestión de comunidades digitales, donde comprender las condiciones que influyen en la interpretación de un mensaje puede resultar tan importante como el mensaje mismo.
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