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Pensar distinto: esa feature que no se clona

La inteligencia artificial redefine el trabajo y la productividad, pero también plantea un desafío: preservar el pensamiento crítico y la creatividad como capacidades diferenciales para construir ideas propias e innovadoras.

Pensar distinto

Artículo escrito por la Mag. Sabrina Bianchi

Hay una promesa productiva que cautivó desde el principio la fascinación de gerencias y tecnólogos: la IA te hace más rápido (y mucho más rápido). Y en general, es cierto. Lo que no estamos discutiendo lo suficiente en muchas disciplinas es qué pasa con la otra mitad de la ecuación en nuestro portfolio de skills. Cuando además de suscribirte al plan anual del modelo de IA, descargás tu pensamiento: ¿te hace más lento al pensar? ¿y si eso tan diferencial que es la velocidad, te hace muy parecido al resto y peor que tu mejor versión creativa posible?

Aquí tenemos el peligro inminente, sobre el que estamos prompteando todos en todas las áreas del conocimiento: la inexorable convergencia de las ideas. En un experimento causal publicado en Science Advances en 2024, Doshi y Hauser dieron a un grupo de escritores acceso a ideas generadas por IA para crear cuentos cortos, y compararon los resultados con los de quienes escribieron sin IA. ¿Qué encontraron? Por un lado cada escritor individual mejoró: sus historias fueron evaluadas como más creativas y -dato no menor- especialmente entre quienes partían con menos confianza en su propia creatividad. Por otro lado, el conjunto de historias asistidas por IA terminó pareciéndose mucho más entre sí que el conjunto de historias escritas sin asistencia artificial. Cada persona, por separado, se destacó un poco más. El grupo entero, mirado en conjunto, se volvió más parecido a sí mismo. En perspectiva, creatividad vista con un enorme espejo sintético, sin importar la herramienta de IA utilizada.

Nuestros abuelos dirían: “ojo, que no te vendan un buzón". Desconfiemos hoy, pero profundamente, de la promesa de que la IA te va a hacer automáticamente mejor profesional, sin ningún trabajo crítico profundo de tu parte, porque las consecuencias reales del impacto pueden ser durísimas.

Un docente de educación me dijo una vez: “aprender duele”. El dolor parte de esa fricción que nos genera el pensamiento crítico, desaprender algo para que “ingrese” un conocimiento nuevo, que puede hasta contradecirlo. Ese exacto proceso, que necesita tiempo, es el que podemos estar perdiendo, y es nuestro verdadero diferencial profesional, porque es del que nacerá nuestra propia creatividad, y que cualquier optimizador automático de procesos mediría en minutos de tiempo, pero el futuro del trabajo valorará en salario y desafíos. Es ese tiempo en el que una muy buena idea para resolver un problema todavía no está lista y por eso mismo puede convertirse en algo mejor que la primera epifanía que tuvimos.

Un estudio de Microsoft y Carnegie Mellon, publicado en 2025, encuestó a más de 300 trabajadores de conocimiento -con los perfiles técnicos más representados- sobre cientos de casos reales de uso de IA generativa en su trabajo cotidiano. El hallazgo central fue que cuanta más confianza deposita una persona en lo que le devuelve la IA, menos pensamiento crítico ejerce sobre esa respuesta. Ese esfuerzo (y dolor del que hablamos) se desplaza de resolver problemas, a simplemente aceptar e integrar lo que vino aparentemente bien resuelto. Es una forma silenciosa de dejar de pensar sin darnos cuenta, y entonces la razón por la que cada uno se siente más productivo, mientras si hacemos zoom out el resultado de conjunto es cada vez más uniforme.

Y también existe un tercer problema para cualquier profesional que aspire a ser un poco mejor que la media y construir su propio diferencial: si hoy al mismo tiempo en todas las empresas de un sector, están usando las mismas herramientas para resolver el mismo problema, el futuro que estaremos diseñando, estará tan basado en el promedio de lo ya hecho en el pasado, que ya está escrito y es predecible, que dejará un magro espacio para la innovación genuina. No depende de qué modelo uses, porque es un rasgo de fábrica de la tecnología.

Y si tu output nace del mismo tipo de prompt que usa cualquier otro equipo del planeta, que se formó en la misma disciplina que vos, la velocidad ya no será tu ventaja competitiva, sino el piso mínimo de todos.

En la sociedad de la IA, la creatividad, la capacidad de debatir ideas con otras cabezas y el criterio que emerge de ese ejercicio cotizarán en bolsa: serán la variable indispensable para hacer la diferencia de un profesional técnico de otro. Será cada vez más relevante la toma de decisiones para saber qué construir, cómo y para quién, argumentado en serio, cuando fue pensado en serio.

Estas capacidades nacerán de quienes se resistan a la mera carrera de la velocidad -que ya está perdida antes de empezar- y sepan combinar efectivamente creatividad con rapidez. Y ese entrenamiento requiere de compromiso y tiempo: se fortalece con el ejercicio sistemático de discutir con miradas distintas a la propia, que es muy distinto al trabajo solitario frente a una pantalla por demás condescendiente.

Es por eso que celebramos cuando los perfiles de tecnología se comprometen con sus capacidades diferenciales y se suman a propuestas como un Master en Creatividad, Innovación y Comunicación, o un Master en Diseño Estratégico e Innovación, donde discuten y construyen ideas con psicólogos, creativos, contadores, diseñadores, científicos, médicos. La velocidad e impacto de las ideas verdaderamente nuevas, ya nos demuestran que estamos en el camino correcto, donde realmente todos somos mejores que cada uno por separado.

La pregunta que debería hacerse hoy cualquier persona de tecnología no es cuánto más rápido puede llegar a una respuesta. Es si esa respuesta, además de rápida, tiene algo propio realmente, si resuelve un problema significativo, si hará la diferencia. Porque compilar, a esta altura, lo hace cualquiera.

La valentía de pensar profundamente y crear algo único, será un requisito de la sociedad del conocimiento del futuro.

Sobre la autora

Mag. Sabrina BianchiLicenciada en Comunicación Publicitaria por la Universidad ORT Uruguay, donde también obtuvo un Master en Educación y un Diploma en Dirección de Marketing. Es Master en Dirección de Comunicación por Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España).

En la Facultad de Comunicación se desempeña como secretaria docente de la Escuela de Postgrados y Actualización en Comunicación y Diseño y coordinadora académica de Postgrados.

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